EL LAGO MASCARDI a 50 km de Bariloche, un lugar para descansar de verdad...lunes, 8 de diciembre de 2008
viernes, 5 de diciembre de 2008
AHORA A DESCANSAR!!!
Hay gente que nunca quiere parar de trabajar: dice “Yo no me puedo quedar quieta/o”, “Yo me aburro si estoy solo/a”, “Me deprimo cuando no hago nada”, “todo depende de mi”. Es muy meritoria y loable aquella persona laboriosa y emprendedora. Hay que felicitar a aquellos que de sus dones personales multiplican en bienes para todos. Su aporte a sus seres cercanos seguramente debe ser beneficioso. Pero no todo debe ser solo trabajo y ocupación. El tiempo libre, si bien esta determinado como creación de la modernidad industriosa, con su connotación negativa de tiempo para el consumo, sin embargo esta no debe ser su única finalidad. Darle cabida a otras expresiones en el tiempo libre puede ser muy productivo, bajar las defensas, del “estar siempre ocupado” máxima loable aunque no absoluta. Es bueno ser laborioso, emprendedor, activo. Lo que no es bueno es no parar nunca.
He leído y escuchado que el estar ocupado disipa las tentaciones y las seducciones del “maligno”. Pero además de dejarle un espacio para que actúe la voluntad creo que podemos sacar mucho provecho del “estar” sin hacer nada una porción de tiempo. Ese ocio tan valorado por los filósofos de todas las épocas, y que puede ser productivo, pues hay una clase de ocio bueno y edificante. Hannah Arendt lúcida pensadora del siglo XX determinó sin titubear, que ella podría estar toda la vida sin hacer nada, sin trabajar, pero nunca podría vivir sin pensar, sin saber para que existe y comprender porque nos suceden las cosas.
Aunque no solo las razones deberían movernos a tener este espacio de ocio, sin embargo algunas pueden ser presentadas. ¿Por qué debemos parar? Debemos parar y tomar nuevas fuerzas: Para crear nuevas ideas, para vincularnos mejor con los demás. Debemos tomarnos un respiro, un tiempo de aire nuevo. Y es bueno separarme de eso que tanto quiero y que creo que solo depende de mi y de nadie mas. El tiempo de la ausencia también debe ser productivo. Un “tiempo” de pensar detenidamente, de evaluar, de concentrar esfuerzos en lo fundamental, en lo que realmente vale la pena. Un momento de “desapego” para ver desde la vereda del frente. ¿Qué pienso yo de lo que hago todos los días? ¿Qué puedo mejorar para hacer mejor las cosas?
Es bueno, tomarse un tiempo para hacer cosas distintas. Para probar nuevos platos de comidas o cocinarlos. Para caminar por senderos nuevos. Para hacer un dibujo, escribir un poema. Para mirar una película tranquilo, para sentarse en un parque y simplemente estar, aunque sea una vez al año. Un tiempo para subir a la terraza y contemplar de nuevo el barrio. Para escribir una carta a un amigo. Para salir de mi mismo. Un tiempo nuevo para renovar el amor matrimonial y encontrarse con quienes se ama. Las grandes ideas no surgen del activismo puro, sino del estar simplemente para pensar.
A veces falta tiempo para el encuentro. Que lindo es esperar para almorzar y cenar. Una vez me dijeron “que lindo que te esperen para comer”, y yo pensé, que en algunas comunidades se come en un horario determinado y no se espera a nadie... Que bueno apagar el televisor para comer todos juntos y charlar de lo que a cada uno le pasa en el día. El tiempo gratuito para el otro es también productivo para mi. No cuidar y reservar tanto mi tiempo personal.
En definitiva esa obsesión por no abandonar el lugar de uno, termina siendo una posesión, un creerme indispensable, una soberbia oculta de sentirme que si yo no estoy nadie lo hará.
Tomar distancia, no para desentenderme, sino para compactar fuerzas y seguir. Para aprovisionar energías, para tomar envión y dar un salto. Un tiempo de vacaciones, no debería ser pensado como un tiempo en el que “no estuvimos” y podríamos haberlo aprovechado. Un tiempo de vacaciones es un tiempo para robustecer la propia tensión de seguir y no abandonar lo que construí, un tiempo provechoso para sacar afuera lo malo y mantener lo bueno, un tiempo de DIOS para que en ÉL y con ÉL encontrar el sentido de todo lo que hacemos.
Hno. GERMAN DIAZ
germansdb@hotmail.com
He leído y escuchado que el estar ocupado disipa las tentaciones y las seducciones del “maligno”. Pero además de dejarle un espacio para que actúe la voluntad creo que podemos sacar mucho provecho del “estar” sin hacer nada una porción de tiempo. Ese ocio tan valorado por los filósofos de todas las épocas, y que puede ser productivo, pues hay una clase de ocio bueno y edificante. Hannah Arendt lúcida pensadora del siglo XX determinó sin titubear, que ella podría estar toda la vida sin hacer nada, sin trabajar, pero nunca podría vivir sin pensar, sin saber para que existe y comprender porque nos suceden las cosas.
Aunque no solo las razones deberían movernos a tener este espacio de ocio, sin embargo algunas pueden ser presentadas. ¿Por qué debemos parar? Debemos parar y tomar nuevas fuerzas: Para crear nuevas ideas, para vincularnos mejor con los demás. Debemos tomarnos un respiro, un tiempo de aire nuevo. Y es bueno separarme de eso que tanto quiero y que creo que solo depende de mi y de nadie mas. El tiempo de la ausencia también debe ser productivo. Un “tiempo” de pensar detenidamente, de evaluar, de concentrar esfuerzos en lo fundamental, en lo que realmente vale la pena. Un momento de “desapego” para ver desde la vereda del frente. ¿Qué pienso yo de lo que hago todos los días? ¿Qué puedo mejorar para hacer mejor las cosas?
Es bueno, tomarse un tiempo para hacer cosas distintas. Para probar nuevos platos de comidas o cocinarlos. Para caminar por senderos nuevos. Para hacer un dibujo, escribir un poema. Para mirar una película tranquilo, para sentarse en un parque y simplemente estar, aunque sea una vez al año. Un tiempo para subir a la terraza y contemplar de nuevo el barrio. Para escribir una carta a un amigo. Para salir de mi mismo. Un tiempo nuevo para renovar el amor matrimonial y encontrarse con quienes se ama. Las grandes ideas no surgen del activismo puro, sino del estar simplemente para pensar.
A veces falta tiempo para el encuentro. Que lindo es esperar para almorzar y cenar. Una vez me dijeron “que lindo que te esperen para comer”, y yo pensé, que en algunas comunidades se come en un horario determinado y no se espera a nadie... Que bueno apagar el televisor para comer todos juntos y charlar de lo que a cada uno le pasa en el día. El tiempo gratuito para el otro es también productivo para mi. No cuidar y reservar tanto mi tiempo personal.
En definitiva esa obsesión por no abandonar el lugar de uno, termina siendo una posesión, un creerme indispensable, una soberbia oculta de sentirme que si yo no estoy nadie lo hará.
Tomar distancia, no para desentenderme, sino para compactar fuerzas y seguir. Para aprovisionar energías, para tomar envión y dar un salto. Un tiempo de vacaciones, no debería ser pensado como un tiempo en el que “no estuvimos” y podríamos haberlo aprovechado. Un tiempo de vacaciones es un tiempo para robustecer la propia tensión de seguir y no abandonar lo que construí, un tiempo provechoso para sacar afuera lo malo y mantener lo bueno, un tiempo de DIOS para que en ÉL y con ÉL encontrar el sentido de todo lo que hacemos.
Hno. GERMAN DIAZ
germansdb@hotmail.com
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