
“Me muero por ser famoso, pero si así lo hiciera no conseguiría ser de verdad conocido” Muchos mueren inadvertidos, de incógnito, sin siquiera tener un entierro digno, algunos no ingresan ni siquiera en las cifras oficiales. No fue el caso de Michael Jackson, la fama que una vez conoció en vida volvía a ser realidad el 25 de junio pasado cuando el mundo fue sorprendido por la presunta defunción del Ídolo del pop. ¿Fue asesinado? ¿Terminó con su vida con un cóctel farmacológico mortal? ¿Desapareció para iniciar una vida nueva? ¿Murió de muerte natural? Todo puede ser puesto en duda ante la muerte repentina de un personaje conocido en todo el mundo y con una vida tan famosa como controvertida, tan extravagante como ambigua, tan admirada como difamada. Lo cierto es que consta entre las noticias más relevantes desde hace 15 días y en todo el mundo. Fuimos conducidos a recrear tanto visual como de manera auditiva en todo lo que respecta a la vida, obra y muerte del famoso creador de “Thriler” y “Bad” entre otros. Casi nos emocionamos con las lagrimas de su hija mayor y hasta volvimos a escuchar canciones ya olvidadas como “Dirty Diana” o “Black or white”.
Un día terminó su vida terrena y comenzó el mito del ídolo. Un funeral realizado en Los Ángeles en el “Staples Center” ante casi dieciocho mil personas y con mucho brillo, televisado gratuitamente para todo el mundo y transmitido también por Internet. Las caras emocionadas, los discursos, los abrazos formaron parte de un espectacular show “lacrimógeno”. Las bellísimas flores, el decorado, los ticket para ser parte del sepelio-espectáculo, un féretro con dudas de contener un cuerpo y luces, telones, impresionante moda de luto y un escenario con estética bien lograda. “We are the world”, la canción escrita por Michael Jackson y Lionel Richi fue el broche de oro de un glamoroso acto funerario. Solo Elizabeth Taylor y Dyana Ross no quisieron compartir con el público su dolor, no se animaron a llorar para el documental filmado seguramente para completar la vida del astro Jackson. Algunas interpretaciones pusieron en duda la decisión de Taylor y Ross haciendo pensar que el dolor no debe ser un espectáculo.
Todos los condimentos necesarios para recrear un film, la vida en una pantalla. Un verdadero “Big brother” funerario. Una familia Jackson antes dividida y en un sepelio mediático unida por lazos de amor que despertaron instantáneamente y talvez por fuertes intereses económicos. Tres niños que ahora son centro de las miradas (si es que son verdaderos hijos de Jackson) y en donde confluyen sospechas maliciosas. Un abuelo con intenciones de aprovechar la fama de sus nietos antes que pase la “jackson manía pos morten”. Un dia surgieron los “fans” de inmediato y en todo el mundo, salieron como de cuevas, como si estuvieran escondidos desde hace mucho. Antes de esto los “fans” de Jackson parecían no existir, aparecían como avergonzados, callados, tímidos para darse a conocer; pero la noticia de muerte despertó el interés, posibilitó que muchos se dieran a conocer, que se acuerden que tenían un gran ídolo. Antes las dudas sobre la sexualidad de Jackson eran burlas corrientes y eso tal vez escondía a los seguidores. Era común escuchar chistes “pesados” o discriminadores.
Un día cualquiera el mundo despertó con una noticia que no se esperaba. Michael Jackson con su muerte, tal vez temprana, tal vez anticipada hizo reflotar el interés o el recuerdo de muchos. Algunos adolescentes que nunca habían escuchado más que su nombre, de repente tuvieron la necesidad consumista de comprar sus cds. No se conocían demasiados admiradores hasta el día que el famoso Jackson fue declarado muerto. Algunos cuarentones recordaron escenas de su paso por la secundaria y otros sus frustrados intentos por bailar arrastrando los pies para atrás.
Llego el día que conocimos el rostro de esos niños que se llaman sus hijos y que aseguran que Michael fue un excelente padre. Solo sus familiares directos, y ni siquiera muchos de sus amigos habían sabido los detalles de la verdadera identidad o filiación legal y genética de sus hijos, que aparecieron tiernos, educados y conmovidos ante las pantallas del mundo. La muerte trajo la noticia, y las discográficas comenzaron a ver y notar el fenómeno extraño, excéntrico, sádico de una filiación repentina por el ídolo del pop. Las ventas subieron a medida que el mito del Rey del pop comenzaba a nacer.
En una escena de la película “Roma Citta apperta” uno de los personajes antes de caer en manos de sus verdugos dice “Lo difícil no es morir bien, sino vivir bien”. En el caso de Michael Jackson, se puede decir que murió como vivió, en la incomprensión, la ambigüedad, la sensación de poner en tela de juicio la vida de otro hombre. Vivió en la exageración, en la idolatría primero hecha por si mismo y luego por sus seguidores, también se movió en la crueldad de la fama y en la excentricidad. Desde el exagerado cuidado de su aspecto, hasta la renuncia a su raza. En lo más alto de la multiplicación de sus maravillosas dotes de bailarín, creador y cantante hasta las acusaciones más bajas para el ser humano como la cuestionable y dudosa situación de pedofilia.
Un día la muerte dejó de ser un homenaje y se convirtió en un show: luz, cámara, acción y un escenario repleto de artistas hablando de las bondades de Jackson. Acostumbrados a que todo se produzca como un show, a la vida vivida desde la TV, reconocer el mundo por la pantalla o por la mirada de cierta prensa comercial. Un día la muerte se hizo espectáculo y generó la expectativa por conocer y entender mas sobre la vida de un ídolo que había sido suspendido entre la tierra y las estrellas. La gloria comenzó en la clínica que lo vio nacer el 29 de agosto de 1958, lo reeditó en los ´80 y lo llevó al mito el 25 de junio de 2009. El mundo del espectáculo tiene el poder agridulce de llevar un día a los ídolos a la máxima estelaridad y otro día a estrellarlos contra el piso. La fuerza de la fama hoy puede catapultar el prestigio de algún talentoso y mañana hacerlo caer estrepitosamente. Michael Jackson fue producto de lo mejor y lo peor de la sociedad de consumo y de masas. Con el Rey del Pop la muerte se hizo eternidad mediática, volvieron los zombis de “Thriler” y su existencia pervive en un celuloide, un fotograma, una línea digital, en blog o en un video de “You Tube”. Un día el ídolo existió y se hizo vida de plástico con su fama, sonido de mp3 y olvido de su ser mortal para existir entre superhéroes, caricaturas, iconos del show como “Harry Potter” o “Ben 10”. Bienvenido Michael Jackson a la vida sin vida, al producto de moda y al desgaste del olvido y la generación sin memoria. La eternidad no existe en el mercado de los ídolos, solo la novedad.
German Diaz
germansdb@hotmail.com




