
Que pretenden los escritores que suponen tantas cosas sobre nuestros próceres y héroes. Ya lo hicieron con San Martín y con Belgrano, ahora con las “cautivas correntinas, ¿después con quien…? Como son pocos los valores que nos quedan, entonces hay quien se encarga de destruir o al menos poner en duda o tela de juicio lo que tenemos. Un pueblo, una Nación se constituye por la historia común, la historia, los relatos, sus victorias, mitos, próceres, religión…Todo va formando parte de ese tejido fuerte y genuino que nos une como patria, como comunidad. Desde pequeño yendo a misa a la Iglesia “la Merced” de Corrientes, patrona de la ciudad, imaginaba unas mujeres fuertes y llenas de valor que supieron llegar hasta los pies de la Virgen agradeciendo su liberación, eran las “cautivas correntinas”.
Gabriela Saidon: escribe la historia de cinco correntinas que fueron victimas del horror de una guerra, en este caso la de la triple alianza. La increíble historia de las cautivas correntinas, cinco mujeres de la sociedad de Corrientes que en 1865, durante la Guerra de la Triple Alianza, fueron secuestradas por orden directa del mariscal Francisco Solano López, junto con dos de sus hijos. El 13 de abril de 1865, en las vísperas del jueves santo, siéndole negado el paso por Corrientes, Paraguay invadió la capital de la provincia y dispuso que un triunvirato de correntinos paraguayistas se hiciera cargo del gobierno. El 1º de mayo de ese mismo año, tres países, el Imperio de Brasil, la Confederación argentina y la República Oriental del Uruguay, le declaraban oficialmente la guerra al Paraguay, vecino de la provincia de Corrientes, dando origen a la triste historia de sangre y muerte entre hermanos. Las mujeres conocidas como “las cautivas correntinas” primero fueron conducidas a los oscuros y fríos calabozos del Cabildo correntino y luego al Paraguay, donde vivieron durante cuatro años una terrible odisea, soportando las más duras condiciones. Sólo cuatro de ellas volvieron. A partir de entonces, el imaginario popular tal vez no dudó en dar por sentado que habían sido víctimas de maltratos. La mayoría de los maridos de las prisioneras eran oficiales a cargo de la defensa de Corrientes, todos partidarios del gobernador depuesto Manuel Ignacio Lagraña. La autora de esta historia novelada se pregunta: ¿Cómo vivieron su cautiverio entre los soldados, la miseria, las humillaciones? ¿Qué pasó con su sexualidad? Poco o nada se sabe. O no se quiere saber… La autora pretende escarbar en una historia que no le pertenece, ni por nacimiento, ni por sentimiento. Igual que un desatinado periodista de “Clarín” que se atreve a rotular así a los correntinos: “La sexualidad de esas mujeres no se mencionó nunca en la aún pacata sociedad correntina” ¿Qué sentimiento de superioridad mueve a estos escritores y periodistas para pincelar una sociedad con caprichosos prejuicios o miradas urbanas y comerciales?
Cuando Saidón orgullosa de herir a los correntinos con sus fantasías enfermizas presenta su libro en la capital, en el centro que fuera escenario de los sucesos de la guerra, se encuentra con descendientes que heridos por la interpretación que hace de las mujeres patrióticas comienzan a incomodarse. Poco fue el suceso para una sociedad correntina tierna y paciente. Como debió Gabriela escabullirse y encerrarse en una oficina del Museo de Bellas Artes Juan Ramón Vidal, del que sólo pudo salir por detrás ante la furia de familiares y descendientes de las cautivas correntinas.
Claro está, no es el provinciano, igual que el habitante de la gran urbe, de la metrópolis, acostumbrado a ver de todo sin identificarse con casi nada. No es la vida de las mujerzuelas que pública “Rial” o de tantas otras que se puede manchar así nomás. En los pueblos y ciudades del interior del país todavía existe el valor de la familia, de la descendencia, de la historia, de los próceres, y se los respeta tal cual son. No es mintiendo o fantaseando como se escribe un libro. No es destruyendo la imagen de los próceres como se construye un país.
Aun queda en la memoria popular de los correntinos la escena de las mujeres que regresaron a Corrientes luego del cautiverio y desde la orilla del río Paraná hasta el templo de la Virgen de la Merced distante 300 metros, pasando en silencio y sin saludar a nadie, excepto a Dios y a María Santísima.
¿Que tienen contra los valores? ¿Que buscan destruyendo las tradiciones? ¿Porque para ser culto o de la clase intelectual hay que ser agnóstico y anticlerical, además de anti-tradicional aunque tradición no represente solo lo religioso? ¿Qué herencia dejaremos a nuestros jóvenes? ¿La vida y el pensamiento de “Cumbio, la o quizás “él” flogger más famoso del país”?
Hay una especie de persecución pero además y esto seguro lo entenderán muy bien los psicólogos, hay como una especie de cristal llamado sexo. Todo se lee desde los instintos sexuales, ya nos hemos tenido que asombrar con las fantasías de autores hacia el General San Martín o Belgrano. Mas de una vez me encontré algún improvisado por radio o TV, o director de cine diciendo que se auto-considera intelectual cuestionando la sexualidad de algún obispo o de un sacerdote. Que hay detrás de las interpretaciones, de las fantasías, de las sospechas, de las preguntas acerca de la sexualidad de un personaje. Parecen esos tontos que preguntan frecuentemente sobre el sexo de Mickey o de Batman. En el fondo seguramente hay una inseguridad sobre la propia sexualidad. Talvez una improvisada puesta en practica de una psicología casera de esencia introspectiva.
Tal vez es mucho mas lo que se imagina una autora acerca de lo que ocurrió entre las cautivas y los soldados y lo que realmente ha ocurrido. Pero a costa del deseo insaciable de voyeurismo disfrazado de literatura o de novela comercial y de historia, se esconde una mirada sexualista y poco respetuosa.
Todavía hay valores por estas tierras, todavía existe la herencia de la virtud, de la tradición. Aquí todavía se entroniza a la Virgen de Itatí en un “shopping”, en un gran festival o se sienta en la vereda a tomar mate o tereré y se respeta la memoria de un gaucho bueno y solidario llamado Antonio Gil. Hay tradición y religión, tejido social para rato.
Hno. German Diaz SDB
germansdb@hotmail.com
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